Fue el pasado mes de noviembre, y digo pasado porque lo hizo hace un año, cuando dejé completamente desierto este espacio. Él quedó, “mea culpa”, sumido en un constante asueto del que difícilmente podía escapar sin mi ayuda. Prometo redimirme por ello.
Desde aquel mes de noviembre, he visto pasar cada segundo, cada minuto, cada hora, sentada al abrigo de una gran desesperanza. He visto como el mundo seguía la inercia de su curso y he encontrado grandes lagunas, en los lugares en los que esperaba encontrar respuesta. Han sido muchas las palabras, quizás no de quién esperaba en cada instante, las que han intentado romper este círculo vicioso pero lo cierto es que, cada momento, cada etapa de la vida, acaba y empieza cuando una misma decide poner un punto y aparte, para empezar a escribir en un renglón nuevo. Después de ese punto de inflexión, sólo está permitido echar la vista atrás para dibujar antiguas sonrisas y dejar escapar lágrimas, no de tristeza, sino de felicidad.
Hace ya algún tiempo, aunque siempre existe una pugna entre razón y corazón, mi mente intenta escapar del profundo desasosiego en el que está sumida…mi corazón aún sigue convaleciente, y creo que lo estará por mucho tiempo; por ello considero que el primer paso es intentar recomponer la primera de ellas. Mi mente ha decidido que merezco ya el “punto y aparte”. Quiere despertar y recuperar con resolución el paso que creía perdido; así como hacía el alter-ego de María Dueñas; quiere buscar cuál es el lugar desde donde el sol se ve con mayor claridad…y, ante todo, quiere ilusionarse con cada paso que da. Decía Pablo Neruda que “muere lentamente quien no gira el volante cuando está infeliz con su trabajo, o su amor, quien no arriesga lo cierto ni lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite, ni siquiera una vez en la vida, huir de los consejos sensatos…”. Pues yo quiero VIVIR. Y, aunque espero que nunca pase, os permito darme un tirón de orejas cuando me veáis desfallecer.
Lots of love.