sábado, 28 de febrero de 2009

Upset

El amanecer de una mañana de viernes, suele traer al paladar un suave dulzor que anticipa la catarsis del fin de semana. Sin embargo, para los que, como una servidora, pendemos de la delgada línea roja de una lista de interinidad, a veces al despertar el dulzor se esfuma, cual aroma de un caro perfume.

Y es que esta mañana, al abrir el correo, me encontré con la misiva interactiva que avisaba sobre el incipiente cierre de las listas de interinidad. Ello supone que la plebe, el pueblo llano, los opositores de segunda, o como quiera llamarse, no tenemos derecho a una re-baremación de nuestras calificaciones y, por ende, estamos condenados a deambular en una lista llamada “no preferente”, en la que sirven inequidad por doquier.

He estado meditando por largo tiempo el escribir o no acerca de ello. Finalmente, la rabia desairada que siento, ha ganado la batalla a la prudencia, así que espero no dejar títere con cabeza. Así numeraré mis desaires.

En primer lugar, no es una oposición. No quieran llamarle amor cuando quieren decir “sexo”. Es un concurso público. Aquí, lo que realmente prima, es haber estado rellenando el impreso de solicitud de admisión años luz, firmar en el examen y presentar una programación modelo, tipo “rincón del vago”. Prima, además, haber realizado cursos varios, inservibles (de otra parte), con los que los sindicatos hacen el agosto y con los que el opositor colma los cubos de papel para reciclar. Al pueblo llano, la plebe, a los opositores de segunda, de nada les sirve hacer un examen brillante, presentar una programación lustrosa, tener master, ni doctorado, ni haber participado en congresos, ni tener publicaciones científicas. Si nuestro sino es que nos echen a los leones, ¡qué más da!

En segundo lugar, ¿cuál es la función de los sindicatos? ¿Defender los intereses del opositor? Yo creo que no. Es más, lo afirmo con CAPITAL LETTERS. ¿Van a preocuparse los sindicalistas de que aumente la calidad de la educación? ¡Qué va! Ellos llenan sus arcas con sus cursos tipo y, el que tenga que correr, que corra. ¿Para qué sirve la afiliación entonces?

En tercer lugar, está lo que anteriormente denominé “calidad de la educación”. Algún que otro listo andará desmotivando a los chavales cuando les enseña “Economía”. Les dirá, por ejemplo, que el mercado de productos agrícolas es de competencia perfecta. Y se quedará tan ancho. Lo único que espero es que haya algún alumno avispado que le pregunte a este ser porqué, de vez en cuando, en la Plaza de Santo Domingo, a sus madres, les regalan las naranjas y los limones. Y luego los docentes se quejan porque el informe Pisa nos sube en el vagón de cola de los intelectos, es decir, nos dice que somos los más tonticos de Europa. Claro que aquí, como en cualquier otro ámbito, no se puede generalizar.

En cuarto lugar, ¿cuál es la función del consejero de Educación? El otro día ojeando la página web, advertí que se dedicaba a fomentar la lectura. Supongo que no le habrá tocado batallar con los “críos” que, en la cola del dentista, ponen de los nervios al personal con el “clic-clic” de sus Nintendo-Ds.

Finalmente, a todos aquellos que, algún día, soñamos con la docencia, nos queda reciclarnos para entrar en el círculo vicioso de la economía real, en la que los que tienen ciclos formativos barren, con grandes escobas, a los licenciados. No obstante, no me resigno. Esto va para los opositores de primera, aquellos que sacaron un cero y medio en el examen. En las carreras de fondo de este tipo, algún día primará el conocimiento más que…lo indescifrable y lo desconocido…

¡Esto es una vergüenza!

viernes, 20 de febrero de 2009

My favorite pictures VI



Esta entrada se la voy a dedicar a Alicia, porque me apetece y porque sé que este es uno de sus cuadros preferidos. Seurat, en Tarde de Domingo en la isla de la Grande Jatte, se convierte en un renovador del estilo impresionista, a la vez que en la máxima representación de un estilo hasta entonces desconocido, el puntillismo. Es por ello que, este cuadro, se ha convertido en un icono y es uno de los más reproducidos.

La isla de la Grande Jatte se encuentra en París, en el majestuoso río Sena, entre La Défense y el suburbio de Neuilly. Esta zona pasó de ser eminentemente industrial, a albergar en los últimos años jardines públicos y un conjunto residencial. Como muestra Seurat en su lienzo, se convirtió en un paisaje bucólico, alejado de la algarabía del centro de la ciudad.

El amigo Seurat empleó dos años de su vida a pintar el cuadro, dedicando una especial atención al paisaje que representa. Rehizo numerosas veces el original y realizó múltiples bocetos y esquemas "preliminares". Era un observador habitual del parque y se sentaba muy a menudo, con el objetivo de llegar a la perfección en la representación de las figuras. Y lo consiguió. El cuadro se expuso por vez primera en la octava exposición colectiva del grupo impresionista, en 1886.

Para los amantes del arte que no hayan visto este cuadro, diré que se encuentra en Chicago, en el Instituto de Arte de esta ciudad.

Paqui, ya sabes, hay que ir a Chicago.

Hasta la próxima entrega.

lunes, 2 de febrero de 2009

My favorite pictures V

Últimamente me he dejado seducir por otros placeres terrenales, como la lectura, y he pasado a convertirme en una rata de biblioteca, con el objetivo de retomar mi abandonada tesis. Ello ha supuesto el que haya dejado olvidada mi saga pictórica. No obstante, espero redimirme de mi descuido y vuelvo con fuerzas para completarla. Esta vez le toca el turno a, sin lugar a dudas, mi cuadro favorito por excelencia, “El Moulin de la Galette” de Renoir. Le moulin de la Galette era un molino (como su propio nombre indica) abandonado, situado en la colina de Montmartre (la más alta de la ciudad) y en el que se daba cita la bohemia parisina para charlar y danzar al ritmo de la orquesta que amenizaba la velada.

Renoir, colega de Monet y de Sisley, en su deseo de representar la vida moderna, inmortaliza este lugar en uno de los lienzos clave del Impresionismo. Su principal interés pasa por representar las diferentes figuras en un espacio ensombrecido con toques de luz, recurriendo a las tonalidades malvas para las sombras. En las mesas se sientan los pintores Lamy, Goeneytte y Georges Rivière junto a las hermanas Estelle y Jeanne, así como otras jóvenes del barrio de Montmartre. En el centro de la escena bailan Pedro Vidal, pintor cubano, junto con Margot, una amiga; al fondo también se encuentran los pintores Cordey, Lestringuez, Gervez y Lhote.
El efecto de multitud está perfectamente conseguido gracias al uso de dos perspectivas (que nos recuerda a Degas, al que ya me referiré): el grupo del primer plano ha sido captado desde arriba, mientras que las figuras que bailan al fondo se ven en una perspectiva frontal.
Este maravilloso lienzo puede contemplarse en el museo de Orsay, París. Yo lo llevo conmigo a todas partes, ya que aparece en el dorso de mi entrada al museo.
Hasta la próxima entrega.