Y es que esta mañana, al abrir el correo, me encontré con la misiva interactiva que avisaba sobre el incipiente cierre de las listas de interinidad. Ello supone que la plebe, el pueblo llano, los opositores de segunda, o como quiera llamarse, no tenemos derecho a una re-baremación de nuestras calificaciones y, por ende, estamos condenados a deambular en una lista llamada “no preferente”, en la que sirven inequidad por doquier.
He estado meditando por largo tiempo el escribir o no acerca de ello. Finalmente, la rabia desairada que siento, ha ganado la batalla a la prudencia, así que espero no dejar títere con cabeza. Así numeraré mis desaires.
En primer lugar, no es una oposición. No quieran llamarle amor cuando quieren decir “sexo”. Es un concurso público. Aquí, lo que realmente prima, es haber estado rellenando el impreso de solicitud de admisión años luz, firmar en el examen y presentar una programación modelo, tipo “rincón del vago”. Prima, además, haber realizado cursos varios, inservibles (de otra parte), con los que los sindicatos hacen el agosto y con los que el opositor colma los cubos de papel para reciclar. Al pueblo llano, la plebe, a los opositores de segunda, de nada les sirve hacer un examen brillante, presentar una programación lustrosa, tener master, ni doctorado, ni haber participado en congresos, ni tener publicaciones científicas. Si nuestro sino es que nos echen a los leones, ¡qué más da!
En segundo lugar, ¿cuál es la función de los sindicatos? ¿Defender los intereses del opositor? Yo creo que no. Es más, lo afirmo con CAPITAL LETTERS. ¿Van a preocuparse los sindicalistas de que aumente la calidad de la educación? ¡Qué va! Ellos llenan sus arcas con sus cursos tipo y, el que tenga que correr, que corra. ¿Para qué sirve la afiliación entonces?
En tercer lugar, está lo que anteriormente denominé “calidad de la educación”. Algún que otro listo andará desmotivando a los chavales cuando les enseña “Economía”. Les dirá, por ejemplo, que el mercado de productos agrícolas es de competencia perfecta. Y se quedará tan ancho. Lo único que espero es que haya algún alumno avispado que le pregunte a este ser porqué, de vez en cuando, en la Plaza de Santo Domingo, a sus madres, les regalan las naranjas y los limones. Y luego los docentes se quejan porque el informe Pisa nos sube en el vagón de cola de los intelectos, es decir, nos dice que somos los más tonticos de Europa. Claro que aquí, como en cualquier otro ámbito, no se puede generalizar.
En cuarto lugar, ¿cuál es la función del consejero de Educación? El otro día ojeando la página web, advertí que se dedicaba a fomentar la lectura. Supongo que no le habrá tocado batallar con los “críos” que, en la cola del dentista, ponen de los nervios al personal con el “clic-clic” de sus Nintendo-Ds.
Finalmente, a todos aquellos que, algún día, soñamos con la docencia, nos queda reciclarnos para entrar en el círculo vicioso de la economía real, en la que los que tienen ciclos formativos barren, con grandes escobas, a los licenciados. No obstante, no me resigno. Esto va para los opositores de primera, aquellos que sacaron un cero y medio en el examen. En las carreras de fondo de este tipo, algún día primará el conocimiento más que…lo indescifrable y lo desconocido…
¡Esto es una vergüenza!

