miércoles, 26 de noviembre de 2008

¡Ay!...el mercado


Sin lugar a dudas, una imagen vale más que mil palabras. Si tuviera que explicar a mis alumnos potenciales cuál es la dinámica de los ciclos económicos recurriría, a modo de introducción, al comentario de la anterior instantánea (en pro de fomentar el aprendizaje significativo, claro está).

Mi afición a recopilar viñetas y fotografías de contenido económico, hace que desbarate cada fin de semana el despacho de mi hermano con el fin de materializar mi búsqueda. Ya en el mes de mayo, que es cuando el diario “El Mundo” publicó, en el suplemento anaranjado dedicado a la Economía en general, esta fotografía, se aludía a la situación actual como “crisis”. Sin embargo, por aquellos entonces, tanto Solbes como Zapatero se esmeraban con ahínco en afirmar que no había razones para pensar en ella y que, milagrosamente (cual conejo aparecido tras un golpe de magia en una chistera), iban a crear unos dos millones de puestos de trabajo. Si se lo hubieran dicho a estos obreros, hubieran caído del espasmo, seguro. Lo cierto es que el divagar de las economías presenta, desde tiempo atrás, los denominados “ciclos económicos” y que ya se encargaron de estudiar Kondratiev, Kuznets, Juglar y otros muchos. Y como son repetidas las ocasiones en las que aparecen a lo largo de la historia, es posible, a veces, comparar unas y otras situaciones. Es por ello por lo que se oye hablar, de manera insistente, de la crisis de 1929, responsable de la “quiebra de los felices años veinte” y que está pasando a ser considerada como el punto de referencia. Tal es la magnitud de la anterior afirmación, que ya se oyen voces que claman en pro de Barack Obama, como el nuevo Rossevelt, que fue quién encauzó el New Deal y permitió que Estados Unidos volviera a ver la luz.

Uno de los debates más fervientes que emana cuando cambia tan bruscamente el ciclo económico, es el que enfrenta a los enamorados de las bondades del mercado, con los que afirman que el mercado está bueno, pero es imperfecto. Uno de los liberales (primer grupo) es el Sr. Bush que es quién, en parte, ha permitido este desbarajuste, al promover un capitalismo desaforado y fuera de control. El profesor Bradford describió muy bien cuáles fueron los tres motores que impulsaron a la economía mundial durante los últimos quince años: (i) la inversión a gran escala, concentrada en la revolución de la tecnología de la información, (ii) la inversión inmobiliaria y (iii) la inversión manufacturera. El primer motor, tal y como afirma Bradford, “se quedó sin gasolina hace unos siete años”, el segundo motor “empezó a echar humos hace dos años y está a punto de desmoronarse” (de hecho, se ha desmoronado completamente) y el tercero “también está perdiendo fuelle”.
Si quisiéramos solucionar este guirigay siguiendo los prolegómenos que dictan los neoliberales, simplemente, no haríamos nada. Ellos son los que afirman que el mercado se autorregula. Me resisto a pensar que este grupete no conozca cuáles son los fallos del mercado y cuál es el porqué de la intervención del estado. Es algo así como decir que lo siguiente no existe: (i) los bienes públicos y el problema de los “free riders”, (ii) las economías externas y los problemas derivados de los derechos de propiedad y la acción colectiva, (iii) las imperfecciones de la competencia, es decir, la pérdida de bienestar que acompaña al monopolio, la problemática asociada a los monopolios naturales, la información asimétrica y un largo etc. Casi nada. Es decir, que los señores Wicksell, Lindhal, Samuelson, Musgrave, Baumol, Lewis, Little, Coase y el propio Bradford, entre otros, se dedicaban a estudiar cortinas de humo. Si tanto abogan por la autorregulación, ¿cómo explican los planes millonarios de rescate? Pues, básicamente, porque reconocen su error. Otra vez la historia viene a dar la razón. Y es que aquí se debe cumplir la máxima de “nunca pronunciarás el nombre de Keynes en vano”. Es él quién dio la llave para solucionar la crisis de los años treinta y es él quién ha dado la llave para atajar la crisis actual. Así que, sí, el mercado está bueno, pero no es, en absoluto, perfecto. Métanselo en la cabeza.

martes, 25 de noviembre de 2008

Dear fungui...

Las quedadas de las seis magníficas siempre habían tenido un escenario de corte murciano. Aquel día, bien por el descanso del personal, o bien por la inexistencia de un hueco para acomodar nuestros asses, desembocamos en otro escenario, esta vez de corte italiano. Es decir, que pasamos de las tapas y nos fuimos a las pizzas, básicamente. Lo cierto es que el espacio de reunión es el detalle de cola, de entre todos lo importantes, claro está. En la función de bienestar social, que es la que maximizamos siempre que organizamos nuestros meetings, el argumento principal no es el lugar, sino la compañía. O sea que, en realidad, nos abstraemos del “Money matters” para afirmar que “the place does not matter at all” (que rima con “the winner takes it all” de mis queridos Abba). Sería algo así como ser medio discípula de la simbiosis entre John Rawls y Amartya Sen. Casi nada.

Bueno…menudo preámbulo me he marcado para decir, simplemente, que aquel domingo acabamos comiendo en un restaurante italiano que, como no procede citar (por eso de no hacer publicidad), diré que tiene por nombre “O’Mamma mia” y que está sito en la plaza de San Juan, número seis. Y, como el restaurante nos gustó, sobre todo porque el encargado tuvo la amabilidad de obsequiarnos con una botella de Lambrusco (ya se podría haber estirado un poco más, porque tocamos a chupito por cabeza), volvimos en repetidas ocasiones.

Una de las veces en las que decidí retornar al tablero italiano me acompañaban la “novia en capilla” y mi tocaya (que odiaba los coches rojos y ahora conduce un bólido sport – rojo - complementado con conchas de playa, cual caballino rampanti…que ya quisiera para sí el hombre sin cuello) con sus respectivos. Era la noche introductoria para ir allanando el terreno y que los machos marcaran su territorio. Y quién vino a dar la nota aquella noche. Pues yo. La culpa la tuve yo y el hecho de que me gusten los champis. Eso y que la pizza que lleva miles de ellos se llame funghi. La chica que nos atendió aquella noche tenía una mala follá…más bien es que la chiquilla estaba “mal follá”, para que nos vamos a engañar. Menuda mirada me dedicó cuando, entre risas, le dije unas seis veces que yo lo que quería era una ¡fungui! Tampoco es para ponerse así, vamos digo yo. La cuestión es que, como bien dice mi madre, “la cara es el espejo del alma”. Si llego a repetir otra vez el vocablo “fungui”, me hubiera echado los perros, seguro.

No obstante, lo cierto es que el comportamiento tan “exquisito” que nos dedicó aquella “zagalona”, no fue tan disuasorio como para dejar de ir al restaurante. He vuelto así como que dos veces. En la primera íbamos tan sólo five de nosotras, faltó Isa, que es la que tiene el sello de la casa real. En la segunda que, por cierto, fue el sábado pasado, fui con el dúo Enna-Juan y con mi Mr. Bross. Desde que echaron a esa zángana colmenera (yo no la he vuelto a ver por allí), hay que ver cómo se llena el local. Da gusto oye. Para que luego digan que estamos en crisis. Eso sí, no he vuelto a pedir una “fungui”. Desde aquella noche abandoné mi amor por los champis. Ahora me he pasado a la “cuatro estaciones”. He cambiado el sabor a tierra por el sabor a mar de las anchoas. Precisamente, es la misma que le gusta a Paquita, sólo que a ella lo “salao” del boquerón no le va mucho… ¡Ay Paqui!... tenemos que ponerle algo de sazón a la vida...sino en qué va a quedar su valor razonable…

lunes, 17 de noviembre de 2008

La fiebre matrimonial se ha desatado

Aunque es cierto que estamos en plena crisis, creo que el negocio de las bodas aún no se ha visto afectado…o por lo menos, no será por que a la peña le asuste eso del “matrimonio”. ¡A quién no le haría ilusión hacer el paseíllo, vestida de pure white y con miles de ojos criticones clavados en: (i) el vestido, (ii) el peinado, (iii) el ramo, (iv) los complementos, etc…! Yo, por lo pronto, para el año que viene tengo dos bodas oficiales y una oficiosa, que se va a convertir en oficial de un momento a otro. Hasta ahora no me había detenido a hacer los cálculos y… menos mal… porque desde que los hice me entran unos temblores que… ¡por Dios! Haciendo la cuenta de la vieja y “tirando por tó lo alto” tenemos lo siguiente:

(i) Vestidos. Tendré que comprar dos. Porque es previsible que para dos de ellas tenga que posar con la misma compañía para la “afoto” oficial. Para la otra, reciclaré, en plan Doña Letizia (aunque, claro, mi fondo de armario no es el suyo; yo no tengo diseños de Oscar de la Renta, ni Manolos tampoco.) Un vestido medianamente aceptable, incluyendo fular y zapatos puede rondar por los 200 o 300 euros. Menos mal que los voy a poder comprar en rebajas. Noelia y Ascensión, ¡os estaré eternamente agradecida!

(ii) Despedida de soltera. No es un gasto superfluo. Hay que tenerlo en cuenta. Tanto más, como el día de la boda. Yo calculo que me saldrán por unos 60 euros cada una. Si las risas están incluidas, el precio es lo de menos. Como dice el anuncio… “para todo lo demás…MasterCard” ¡Ay mi MasterCard…que ganas tiene de ver la luz…que la tengo castigada en my pocket!”.

(iii) Regalo. Hombre, sé que para las dos en las que el present lo tengo que hacer yo, a las aludidas mi amor incondicional y mi presencia les basta. Vamos, eso y si entono un ¡Vivan los novios! como Dios manda. Pero… qué sabio era el refranero popular, cuando decía… “¿a quién le amarga un dulce?”… So: “Tendré que echar algún billete en el sobre”. ¡Me niego a ingresarlo en una cuenta! Soy anti tarjetas de boda acompañadas con el número de la cuenta bancaria ¡ya lo sabéis! Qué pena que Ramón ya no esté en el Banco de España…hubiera usado mis contactos para que arrancaran “destrangis” la máquina de hacer “euros”. Yo con dos minutos que funcione, me conformo. Y prefiero no dejar constancia del cálculo.

El total lo definiría muy bien Janice, la ex - novia de Chandler, con un: “¡Oh, Dios Mío!”. Si hasta Phoebe debería haberle dedicado una canción a esto de los casorios. ¿Os imagináis una marcha nupcial al ritmo del “Smelly Cat”? Ay amigo Precioso, espero que, para ese entonces, me hayas dado ya tu beneplácito para trabajar de una vez por todas. Soy capaz… hasta de comprarte una corbata en condiciones, mira tú.

Bueno, lo cierto es que yo me deprimo con mis cálculos. Pero siendo realista, ellas se tienen que deprimir más con los suyos. No quiero ni pensar cuando me toque organizar la mía. Menos mal que nosotras no vamos a tener el guirigay que tuvo la Esteban (alias “La Caballo”) con Rosá Clará, Pronovias, etc. Al final acabó en “El Corte Inglés”. Oye, y muy bien que me parece. Lo que no tengo muy claro es quién se lo diseñó a “La Campa”… aunque más barato fue, eso seguro…digo yo que no será necesaria tanta seda salvaje para vestir a un tapón de alberca.

domingo, 16 de noviembre de 2008

"Franklin Delano Obama y la Economía Real"

Animo a que leáis la edición de hoy del diario “El País”. Podréis encontrar dos reflexiones debidas a dos grandes economistas, ambos galardonados con el premio Nobel, “¿Franklin Delano Obama?”, de Paul Krugman y “Acordaos de la Economía Real”, de Paul A. Samuelson. En ellos, los autores meditan comparativamente acerca de la “Gran Depresión” de los años treinta y de la crisis actual. De ellos, me he tomado la libertad de subrayar algunas partes que considero deberían tomarse muy en serio a la hora de orquestar las vías para paliar la crisis.
“Del mismo modo que se culpa con razón al presidente George Bush por la mala liberalización económica llevada a cabo entre 2000 y 2008, al presidente Herbert Hoover (1929-1933) y a su multimillonario secretario del Tesoro, Andrew W. Mellon, se les considera, por su inacción y sus ideologías ultraliberales, responsables de permitir durante mucho tiempo que la economía real se sumiera en un estancamiento cada vez mayor. (Samuelson)”. Es decir, que al amigo de Ansar (muy amigo de las ideas de Friedman – la secta de los monetaristas, aquellos que se levantan cada mañana para rezarle a la ecuación cuantitativa del dinero -) se despide por la puerta grande. El capitalismo desaforado y la liberalización económica desmedida son los principales sospechosos. No obstante, el sigue en sus trece. Veremos a ver quién osa a bajarlo del burro.
“En política, el tiempo es esencial. Los nuevos presidentes tienen periodos de gracia limitados para innovar. Por eso, recordando 1933 y 1934, animo a la próxima Casa Blanca y al próximo Congreso a improvisar para la economía real nuevas y grandes inyecciones de gasto directo que ayuden a debilitar las espirales descendentes que las recesiones son tan propensas a desarrollar.
Gasten así, recordando que en tiempos como éstos la deflación puede convertirse en un enemigo peor que la inflación. Ningún economista sensato lamenta hoy que Roosevelt rompiese las promesas electorales de "equilibrar el presupuesto" que hizo en 1932. (Samuelson)”
“Mi consejo para la gente de Obama es que calculen la ayuda que creen necesaria y luego le añadan un 50%. Con una economía en crisis, es mucho mejor pecar de un exceso de estímulo económico que quedarse corto. (Krugman)”
Es decir, que el equilibrio presupuestario está muy bien, así como el control de la inflación. Pero estamos en época de vacas flacas. Y, dado que “a perro flaco, todo son pulgas”, se debería priorizar el engorde de las vacas y no esperar a encontrarles un “toro” adecuado porque, es probable que, para ese entonces, ya hayan pasado a mejor vida.

viernes, 14 de noviembre de 2008

"El clan Santander ataca de nuevo"

La trifulca de la Srta. Santander con su archiconocido compañero sentimental, el Sr. Puerta, sigue trayendo cola. Y es que, aún son reacios a reconocer que la intervención del Sr. Neira, y que le ha hecho merecedor de la medalla al mérito ciudadano, no es sino la máxima representación del ejercicio de la ciudadanía y, para más inri, de la defensa de los intereses del sexo débil ante la represión sufrida de manos de algunos hombres.

La mayor parte de los colectivos de mujeres maltratadas (y es importante dejar manifiesto el hecho de que existen muchos tipos de maltrato) afirman por doquier, que la Srta. Santander es el prototipo de mujer maltratada, reacia a reconocer su verdadera situación e incansable paladín de su amado. Tampoco hace falta ser ducha en materia para evidenciar que las primeras descripciones de lo ocurrido, apuntaban a que la verdad verdadera del caso caía del lado del Sr. Neira. Lo que nadie se podía esperar era que ella no fuera capaz de reconocer la valía de Neira y agradecer públicamente la ayuda que le prestó.

Pero lo peor no es eso. Lo peor es que ni tan siquiera su familia ha sido capaz de poner un poco de seso al asunto. Como dicen aquí, en Murcia, a la hija y al padre deberían de echarles de comer aparte. Para empezar Miss Santander se pasea por televisión, talón bajo mano (que no quede ninguna duda de ello), diciendo que de la trifulca se derivaron tres víctimas; que yo sepa, sólo hay una persona en el hospital debatiéndose entre la vida y la muerte. La que es víctima potencial prefiere ir vapuleando por ahí y defendiendo lo indefendible, en lugar de reconocer las cosas. Por si no tenemos bastante, tenía que aparecer el padre. Ese tipo que se peina haciendo malabares para disimular su alopecia y que, además, no es capaz de enunciar tres palabras seguidas sin titubear (para que veamos quién es el que duda en su testimonio) y que, cuando las pronuncia, es para decir “pipi” y “culo” a una periodista de un programa de televisión (antes de haberse acordado de su madre, ¡qué educación!); vamos, que hasta mi ahijado que empieza ahora hablar, puede alardear de tener un vocabulario más verboso que el de este ser.

Menos mal que, aunque los árboles del bosque a veces no nos dejen ver el camino, el video de seguridad que sirve de testimonio visual de lo ocurrido ya ha visto la luz. Habiéndolo visto no puedo por menos que aplaudir y admirar la actuación del Sr. Neira y despreciar la del Sr. Puerta y la de la tipa esta. La que dice haberse interesado por él y haberle ayudado. Sí, es cierto. En el video se ve perfectamente. Le da dos palmaditas en la espalda a un señor que acaba de ser golpeado brutalmente y, diez segundos después (digo diez por ser un poco generosa), sale “cagando leches”, como la que se quita “avispas del culo”. Si eso es ayudar, que baje Dios y que lo vea. Por que yo no me lo creo.

Veremos a ver lo que dice “la tipa” mañana en “La Noria”. Lo veré en los resúmenes, porque, desde luego, el programa no va a engrosar la audiencia a mi costa, viendo a personas tan sumamente despreciables en televisión. Como dice ella, “España por fin me dará la razón”. Si eso es así, los oftalmólogos se estarán frotando las manos. Van a tener que curar de ceguera a más de cuarenta millones de españoles.

jueves, 13 de noviembre de 2008

"Mi primera vez...en un acto de adjudicación"

Mi rutina de todos los días. Enciende el ordenador, conéctate a Internet y entra en la página de la CARM. Después busca los actos de adjudicación y la última convocatoria de los mismos. Tras descargar el pdf sin esperanza alguna, advertí que habían convocado la especialidad de economía y que saltaba ya a la lista no preferente. Buena señal, me dije. Hemos empezado con el pie derecho. Ahora toca ver cuáles son las vacantes que hay. Y si han convocado a casi unas treinta personas, el pescado que van a vender no debe ser muy malo, pensé. Inocente de mí. Bueno, vuelta a descargar el pdf y búsqueda de mi especialidad. Dos tiempos parciales. Uno en la Unión y el otro en Calasparra. Viva la minería y el arroz. Mi gozo en un pozo.

Habrá que ir a ver cómo es esto de las adjudicaciones y si me llega, que no me va a llegar, habrá que decir que sí y empezar a desempeñar mi labor como docente. Mis padres ya estaban haciendo sus cábalas, cuando se lo conté, de que si me tocaba en Calasparra, lógicamente, habría que alquilar un piso, porque tal y como está la gasolina, no es plan. Inocentes de ellos.

Fui con tiempo, para que nadie se me adelantara y, si me llego a descuidar, hasta llego tarde. Un atasco monumental por todas las entradas a Murcia, hizo que tardara más de dos horas y media en llegar al sitio en cuestión. Aparqué porque tuve suerte. Sino, hubiera tenido que hacer las veces de Gadget y minimizar mi bólido para poder meterlo en el bolso. Increíble. Corre Encarna, que llegas tarde. Menos mal que, a pesar de que llevaba chanclas, la ilusión no me hizo resbalar. Aunque resbalé después, claro está.

La llegada al salón de actos de la Consejería fue apoteósica. Que me iba a esperar yo. Si aquello parecía la lonja del pescado. O una subasta de productos agrícolas, que a mi me toca más de cerca. La gente ataviada con un montón de papelorios, haciendo sus anotaciones, gritos, ruidos de móviles… Para colmo la megafonía no estaba en su mejor día (mira que pareado) y allí no ponía orden ni el tato. Vamos, que ni aunque hubiera aparecido el amigo Precioso con alguna de sus corbatas estrambóticas. ¿Dónde me he metido? Lo único que hubiera faltado es cambiar el: “sí acepto” (que ni eso, porque la gente tenía que correr para que nadie se le adelantara) por “compro, compro”. Esto se merece una película.

Cuando llegó la hora de “subastar” la pescadilla que a mí me interesaba, llevaban unos treinta minutos de retraso. Con lo eficiente que es el funcionariado y hay que ver cómo se retrasa. No importa, aunque tenga que esperar tres horas, me dije. Pues ni tres ni cuatro. Fueron dos minutos. No me dio tiempo ni a escuchar el nombre de los afortunados de la lista preferente que ya tenían destino. Un fiasco vamos.

Cabizbaja, pero esperanzada (al menos dicen que eso es lo único que no se pierde), volví a casa; menos mal que, por lo menos, habían conseguido desatascar las vías de Murcia. Lo triste fue llegar y tener que decir a mis padres que ya no iban a comer arroz de Calasparra, porque la Unión está a salto de mata de casa. No te preocupes, me dijo mi padre. Llevas mucho tiempo esperando esto. Mi novio me dijo que mi momento llegaría. Algún día deberé besar el santo, pensé. Pero a este paso, creo que no va a ser ni momento ni beso. El momento deberá ser un momentazo y el beso…más que beso deberá ser besazo…qué digo besazo…un buen morreo.

Creo que el amigo Precioso y toda la plana mayor de la Consejería, debería tener claro que debe bastar sacar más de un ocho en una oposición para tener trabajo, aunque sea de interino y no estar mareando la perdiz. Pero claro, en el sistema lo que realmente importa es sacar un cero y medio y estar coleando años y años. ¿Es por eso por lo que en la lista preferente sólo aparecen nombres y no se les acompaña con el numerito de la calificación en el examen, como ocurre en la lista no preferente?
Ahí queda esta reflexión.