El amanecer de una mañana de viernes, suele traer al paladar un suave dulzor que anticipa la catarsis del fin de semana. Sin embargo, para los que, como una servidora, pendemos de la delgada línea roja de una lista de interinidad, a veces al despertar el dulzor se esfuma, cual aroma de un caro perfume.
Y es que esta mañana, al abrir el correo, me encontré con la misiva interactiva que avisaba sobre el incipiente cierre de las listas de interinidad. Ello supone que la plebe, el pueblo llano, los opositores de segunda, o como quiera llamarse, no tenemos derecho a una re-baremación de nuestras calificaciones y, por ende, estamos condenados a deambular en una lista llamada “no preferente”, en la que sirven inequidad por doquier.
He estado meditando por largo tiempo el escribir o no acerca de ello. Finalmente, la rabia desairada que siento, ha ganado la batalla a la prudencia, así que espero no dejar títere con cabeza. Así numeraré mis desaires.
En primer lugar, no es una oposición. No quieran llamarle amor cuando quieren decir “sexo”. Es un concurso público. Aquí, lo que realmente prima, es haber estado rellenando el impreso de solicitud de admisión años luz, firmar en el examen y presentar una programación modelo, tipo “rincón del vago”. Prima, además, haber realizado cursos varios, inservibles (de otra parte), con los que los sindicatos hacen el agosto y con los que el opositor colma los cubos de papel para reciclar. Al pueblo llano, la plebe, a los opositores de segunda, de nada les sirve hacer un examen brillante, presentar una programación lustrosa, tener master, ni doctorado, ni haber participado en congresos, ni tener publicaciones científicas. Si nuestro sino es que nos echen a los leones, ¡qué más da!
En segundo lugar, ¿cuál es la función de los sindicatos? ¿Defender los intereses del opositor? Yo creo que no. Es más, lo afirmo con CAPITAL LETTERS. ¿Van a preocuparse los sindicalistas de que aumente la calidad de la educación? ¡Qué va! Ellos llenan sus arcas con sus cursos tipo y, el que tenga que correr, que corra. ¿Para qué sirve la afiliación entonces?
En tercer lugar, está lo que anteriormente denominé “calidad de la educación”. Algún que otro listo andará desmotivando a los chavales cuando les enseña “Economía”. Les dirá, por ejemplo, que el mercado de productos agrícolas es de competencia perfecta. Y se quedará tan ancho. Lo único que espero es que haya algún alumno avispado que le pregunte a este ser porqué, de vez en cuando, en la Plaza de Santo Domingo, a sus madres, les regalan las naranjas y los limones. Y luego los docentes se quejan porque el informe Pisa nos sube en el vagón de cola de los intelectos, es decir, nos dice que somos los más tonticos de Europa. Claro que aquí, como en cualquier otro ámbito, no se puede generalizar.
En cuarto lugar, ¿cuál es la función del consejero de Educación? El otro día ojeando la página web, advertí que se dedicaba a fomentar la lectura. Supongo que no le habrá tocado batallar con los “críos” que, en la cola del dentista, ponen de los nervios al personal con el “clic-clic” de sus Nintendo-Ds.
Finalmente, a todos aquellos que, algún día, soñamos con la docencia, nos queda reciclarnos para entrar en el círculo vicioso de la economía real, en la que los que tienen ciclos formativos barren, con grandes escobas, a los licenciados. No obstante, no me resigno. Esto va para los opositores de primera, aquellos que sacaron un cero y medio en el examen. En las carreras de fondo de este tipo, algún día primará el conocimiento más que…lo indescifrable y lo desconocido…
¡Esto es una vergüenza!
Y es que esta mañana, al abrir el correo, me encontré con la misiva interactiva que avisaba sobre el incipiente cierre de las listas de interinidad. Ello supone que la plebe, el pueblo llano, los opositores de segunda, o como quiera llamarse, no tenemos derecho a una re-baremación de nuestras calificaciones y, por ende, estamos condenados a deambular en una lista llamada “no preferente”, en la que sirven inequidad por doquier.
He estado meditando por largo tiempo el escribir o no acerca de ello. Finalmente, la rabia desairada que siento, ha ganado la batalla a la prudencia, así que espero no dejar títere con cabeza. Así numeraré mis desaires.
En primer lugar, no es una oposición. No quieran llamarle amor cuando quieren decir “sexo”. Es un concurso público. Aquí, lo que realmente prima, es haber estado rellenando el impreso de solicitud de admisión años luz, firmar en el examen y presentar una programación modelo, tipo “rincón del vago”. Prima, además, haber realizado cursos varios, inservibles (de otra parte), con los que los sindicatos hacen el agosto y con los que el opositor colma los cubos de papel para reciclar. Al pueblo llano, la plebe, a los opositores de segunda, de nada les sirve hacer un examen brillante, presentar una programación lustrosa, tener master, ni doctorado, ni haber participado en congresos, ni tener publicaciones científicas. Si nuestro sino es que nos echen a los leones, ¡qué más da!
En segundo lugar, ¿cuál es la función de los sindicatos? ¿Defender los intereses del opositor? Yo creo que no. Es más, lo afirmo con CAPITAL LETTERS. ¿Van a preocuparse los sindicalistas de que aumente la calidad de la educación? ¡Qué va! Ellos llenan sus arcas con sus cursos tipo y, el que tenga que correr, que corra. ¿Para qué sirve la afiliación entonces?
En tercer lugar, está lo que anteriormente denominé “calidad de la educación”. Algún que otro listo andará desmotivando a los chavales cuando les enseña “Economía”. Les dirá, por ejemplo, que el mercado de productos agrícolas es de competencia perfecta. Y se quedará tan ancho. Lo único que espero es que haya algún alumno avispado que le pregunte a este ser porqué, de vez en cuando, en la Plaza de Santo Domingo, a sus madres, les regalan las naranjas y los limones. Y luego los docentes se quejan porque el informe Pisa nos sube en el vagón de cola de los intelectos, es decir, nos dice que somos los más tonticos de Europa. Claro que aquí, como en cualquier otro ámbito, no se puede generalizar.
En cuarto lugar, ¿cuál es la función del consejero de Educación? El otro día ojeando la página web, advertí que se dedicaba a fomentar la lectura. Supongo que no le habrá tocado batallar con los “críos” que, en la cola del dentista, ponen de los nervios al personal con el “clic-clic” de sus Nintendo-Ds.
Finalmente, a todos aquellos que, algún día, soñamos con la docencia, nos queda reciclarnos para entrar en el círculo vicioso de la economía real, en la que los que tienen ciclos formativos barren, con grandes escobas, a los licenciados. No obstante, no me resigno. Esto va para los opositores de primera, aquellos que sacaron un cero y medio en el examen. En las carreras de fondo de este tipo, algún día primará el conocimiento más que…lo indescifrable y lo desconocido…
¡Esto es una vergüenza!
3 comentarios:
Totalmente de acuerdo contigo.
Ese sistema es obsoleto y necesita una renovación y cambio pero los sindicatos tienen poder y defienden a sus afiliados, es decir, los que ya entraron a formar parte de la familia docente.
Eso es una gran putada. Yo impondría un sistema a lo americano donde todo el mundo esté sujeto a evaluación continua y nadie pueda decir que ser funcionario es lo mejor que puede tener en la vida. En España desde luego que sí, porque ganar una plaza es como si te tocara la lotería de por vida. En otros países es un trabajo mas donde si que es cierto que la empresa no va a quebrar (esperemos porque mira Islandia) pero uno tiene que demostrar una constancia y el saber comprometerse en parte con lo que está haciendo.
Me gustaría tener una conversación contigo para darte ánimos, pero estoy lejos. Tu no desesperes que pronto vendrán tiempos mejores, ya lo verás. Que cada uno termina en su sitio. La semana del 30 marzo al 3 de abril estaré en la facultad asi que pasaremos tiempo juntos.
Bss
R
Muchas gracias R. Ahora estoy más animada, porque he encontrado trabajo (el puesto es de adjunto a director financiero) y, además, estoy a cinco minutos de casa. Los jefes dudaron bastante en dármelo, porque descubrieron el as que tengo bajo la manga con esto de la opo. No obstante, empiezo el lunes y creo que voy a aprender mucho. La decepción de las oposiciones ha hecho que replantee por completo mi vida. Por lo pronto, estaré ocupada y no me comeré la cabeza, que era lo que me estaba matando. Además, en Murcia estamos de temporal y ayer una super racha de viento destrozó parte de los invernaderos de mi padre. A eso se llama empezar bien el año.
Ahora retomaré mis clases de inglés con Andrew y, por fin, tendré money money para hacerte una visitica cuando llegue el buen tiempo.
Besitos y nos vemos cuando vengas.
Hola Encarna,
Te he puesto un correo junto a otras compañeras que se encuentran en tu situación. Con los sindicatos no hay nada que hacer, ya que aunque nos afiliemos, sólo tienen en cuenta al insider, al que vota en las elecciones sindicales, los demás son ceros a la izquierda. Por otra parte, aunque en la intimidad nos dan la razón, ninguno se atreve a oponerse al cierre, pues perdería todos sus apoyos en favor de los otros sindicatos. ¿te recuerda al dilema del prisionero?
En definitiva, la única vía que nos queda es la judicial.
No me gustaría enterarme de que un talento como tú acaba desperdiciado dando préstamos o negociando pagarés con la necesidad que hay en la educación de buenos docentes. Tan solo quiero recordarte que hace 5 años yo me vi en la misma situación que tú, pero ya ves, al final el tiempo pone a cada uno en su sitio, a pesar de las adversidades.¡No desistas!
Un beso,
Roberto
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