jueves, 29 de octubre de 2009

Hasta siempre Marianin


Hubiera preferido no tener que escribir esto nunca, y habértelo dicho frente a mí, sería señal de que estabas con nosotros, pero el que te hayas marchado tan pronto y tan de repente, me obliga a hacerlo del primer modo. Los años que hemos compartido contigo, lo hicimos a sabiendas de que eras una persona excepcional e hiciste que nuestras vidas fuesen plenas. Tu saber estar, tu abrazo incondicional, tu donaire y tu imagen complaciente que regalaba una sonrisa sin importar quién ni porqué, siempre nos ha eclipsado a las tres. Eres la persona que, además de habernos enseñado a ser eso, “persona”, ha dejado el vacío más importante en nuestras vidas. Serás el espejo en el que siempre nos miraremos las tres.
Marianin, nos diste muchas oportunidades de poder decir “Te quiero”, pero no supimos aprovechar ninguna; dicen que a veces, entre hermanos, sobran las palabras. Así que, nos valemos de los versos de Vicente Aleixandre para poder gritar a los cuatro vientos que ¡Te queremos! y que estarás presente entre nosotras hasta que volvamos a encontrarnos contigo.

“ Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios, ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas, mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal, metal, música, labio, silencio, vegetal, mundo, quietud, su forma. Te querremos siempre, sabedlo”.
Tus hermanas, Mª José, Mª Encarna y Raquel.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Desde que perdimos a Mariano he sabido que más pronto que tarde tenemos que empezar a dar gracias por él, por haberlo tenido con nosotros y por haber iluminado nuestro camino con el cariño y la alegría que solo tienen los que verdaderamente son de corazón limpio. Igual que he pensado eso desde el primer momento, reconozco no haber superado todavía la fase del luto, en la que el abatimiento, la tristeza y la rabia son los sentimientos predominantes (y ésto lo se por todo lo que he llorado mientras leía tus palabras). Y es por eso que me sorprenden sobremanera tu capacidad y tu entereza para escribir unas líneas tan serenas y tan equilibradas como éstas, a tan pocos días del óbito. Has escrito en la red social que sólo mueren aquellos que son olvidados, y tienes mucha razón: nunca le vamos a olvidar. Pero yo voy aún más lejos y me hago otra reflexión, y es la siguiente: ¿Qué queda de nosotros cuando también mueren los que nos recordaban? Una vez que esto ocurre, ¿hay algo en nosotros que en verdad pueda resultar trascendente? Yo quiero pensar que sí. Quiero pensar que, así como el hombre primitivo cuidaba del fuego, manteniendo la misma llama durante años y años si era posible; o como el agua, que sabemos que es la misma desde el principio de los tiempos, y que la que tomamos hoy es exactamente la misma que tomaron nuestros ancestros, así nosotros amamos hoy con el amor con que otros ya amaron. Y acaso sea ese amor lo único que nos trascienda. Creo que Mariano cogió su cargamento de amor y lo llevó y lo aumentó dignísima y eficazmente, a juzgar por sus frutos, y ahora ese mismo amor queda para nosotros, para seguir con la enorme tarea de llevarlo y mantenerlo hasta el fin de los tiempos.
Comprendo que por naturaleza, tus sentimientos hacia tu hermano tienen que ser absolutamente particulares, pero yo hago extensivos los míos al primo Jose, a quien también perdimos este verano, y a quien, te puedo asegurar, también adornaban las mismas cualidades positivas que tenía Mariano. Ambos fueron personas que, sin duda, alcanzaron la excelencia en toda su plenitud, y que amaron con un amor verdadero y desinteresado a todos a cuantos conocieron, y por eso ya tenemos dos santos más a quién rezar cuando miremos al cielo.

Te envío un fuerte abrazo para ti y todos los tuyos.
Hasta pronto.

PD: gracias a tu “solicitud de amistad” he conocido tu blog y me ha gustado mucho. Me he propuesto entrar regularmente y leer tus reflexiones y tus inquietudes, que me parecen interesantes y acertadas.

PD nº 2: pinchando en las entradas anteriores, veo que en tu “post” del 9de mayo, pusiste una preciosa canción de “The Fry”, llamada “You Found Me”. Ahora es imposible escucharla sin pensar en Mariano. En la letra se puede escuchar como un hombre, con muchas inquietudes y también algo atormentado, interpela al Señor, y le dice cosas como éstas: ¿Dónde estabas? ¿Por qué tardaste tanto en encontrarme?

Y es que ya lo decía Santa Teresa: “Nos has creado para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti.”

Pepe Albaladejo